El astillero de hoy
Astillero
Julio Hernández López
Carlos Marina Abascal
Milagroso señor de Bucareli El almirante mercante Página oficial del PRIAN
Jorge Zermeño escucha a Alejandro Chanona, de Convergencia; Miguel Angel Navarro, del PRD, y Emilio Gamboa, del PRI, al momento de advertirle sobre la intención de sus bancadas de abandonar la Cámara de Diputados en protesta por declaraciones de la secretaria de Desarollo Social, Ana Teresa Aranda Foto Francisco Olvera
El secretario de la marina gobernante, Carlos Abascal, está logrando milagros desde Bucareli: ha hecho que un cadáver político llamado Ulises Ruiz crea en la rencarnación instantánea, ha encarecido política, social y hasta religiosamente la opción violenta de desalojo de la ciudad de Oaxaca y ha convertido una desairada mesa "institucional" de negociaciones en una demostración práctica de que sin la participación del magisterio y de la APPO no puede haber solución viable en aquella entidad.
El martirio terreno del capellán de la Armada, Carlos Marina Abascal, proviene, entre otras cosas, de su beata convicción de que cualquier capilla ha de estar repleta con el simple recurso campanólogo de llamar a misa. Pero resulta que el tañedor sin arca (nada que ver con el sinarquismo) organizó la tal mesa otorgando representación excesiva a los empresarios explícitos, a gobernadores en pena y a ex gobernadores que han sido los principales empresarios implícitos de aquel estado. Y resulta también que a los appos y profesores los relegó y depreció, con los malos resultados que están a la vista.
El secretario Carlos Armada, perdón, Marina Abascal, tiene además el problema de que el diputado panista, perdón, almirante Marco Antonio Peyrot ha tendido sus redes de represión en el mar de arena de la capital oaxaqueña y tampoco es cuestión de dejar en ridículo a tan aplicado pescador, mucho menos si se ha echado el tiro de dar el paso militar adelante mientras la Defensa Nacional se mantiene lejana y extraoficialmente crítica de esos asuntos más bien propios del carácter mercante de alguna marina.
Lo peligroso de estos juegos de guerra estriba justamente en la sabida incapacidad política del foxismo-yunquismo, que es capaz de convertir en su contrario todo aquello que toca y que suele reaccionar con desproporción catastrófica cuando ve que todo se le enreda y complica. Fuese por torpeza, o por algún plan clandestino de ultraderecha que pretenda empujar al movimiento oaxaqueño a la desesperación, lo cierto es que el marinerito Abascal tiene todo a punto de estallido: con cinismo de desahuciado, Ulises Ruiz juguetea con la idea de que la única licencia en su camino es la de conducir automóviles (creyéndose en vías de recuperación, el ex gobernador en funciones puede ser muy peligroso, sobre todo en cuanto a provocaciones y coletazos de último suspiro); con un tufo terrible a diazordacismo redivivo, las fuerzas mercantes acantonadas en Oaxaca están prestas para intervenir, y con el reavivamiento que por errores les da el gobierno federal, el movimiento social oaxaqueño está reforzándose y obteniendo apoyo nacional e internacional que vuelve más difícil la toma de decisiones neronianas (lamentable resultó la lectura que Abascal hizo de un comunicado de prensa en que llama a los no asistentes a la mesa de ayer a hacer "eficaz" el diálogo, así como la creación de tres comisiones de trabajo que no son sino la confesión pública de que nada avanzará en esas sesiones bucarelinas).

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