lunes, diciembre 31, 2007

A 10 años de distancia, existen en Chiapas movimientos inusuales del Ejército y signos de una reactivación paramilitar. Es en ese escenario posible que hay que inscribir las versiones revisionistas de un grupo de intelectuales orgánicos del régimen calderonista. Con su “Regreso a Acteal”, Aguilar Camín podría estar preparando el camino, desde el campo de la propaganda oficial encubierta, para la reaparición de grupos de “autodefensa” antizapatistas y una nueva escalada represiva gubernamental

Carlos Fazio

La subversión de la historia

El 21 de diciembre de 2006, al cumplirse nueve años de la matanza de Acteal, el historiador Héctor Aguilar Camín, Ricardo Raphael de la Madrid, la división de estudios jurídicos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y la agrupación política nacional Alternativa Ciudadana asumieron la defensa legal y mediática de varios paramilitares enjuiciados como responsables materiales del multihomicidio de 45 indígenas tzotziles de la sociedad civil Las Abejas, en el campamento de desplazados Los Naranjos, de Chenalhó, Chiapas.

Su objetivo no era restablecer el imperio de la justicia y la verdad histórica. La presentación de los hechos como una “batalla” entre “comunidades” zapatistas y antizapatistas –recogida ahora por Aguilar Camín en su ensayo “Regreso a Acteal”, publicado en Nexos, y por Raphael en sendos escritos en El Universal– viene a robustecer la versión recogida en el Libro blanco sobre Acteal, elaborado en 1998 por la Procuraduría General de la República, según la cual la matanza fue producto de añejos “conflictos inter e intracomunitarios”, con tintes “religiosos”, reactivados por la disputa de un banco de arena. Es decir, reafirma la historia oficial de que se trató de “un pleito entre indios”, azuzado por la presencia en Chenalhó de “un grupo armado” (el EZLN), que con su “justicia revolucionaria” y sus “municipios autónomos” provocó una acción en “defensa propia” de militantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Según el Libro blanco de la PGR, los asesinos contaron con la “complicidad” de algunos elementos de la Coordinación de Seguridad Pública y de la Procuraduría General de Justicia del estado de Chiapas.

La versión oficial y la nueva maquinación revisionista de la historia impulsada por Aguilar Camín y Raphael, tienen un rasgo común: buscan diluir el accionar de los grupos paramilitares y exonerar la responsabilidad directa del ex presidente de la República, Ernesto Zedillo, del ex gobernador de Chiapas, Julio César Ruiz Ferro, y de la cadena de mando del Ejército Mexicano, en lo que ha sido calificado como un crimen de Estado y tipificado como un delito de lesa humanidad.

Existen pruebas documentales y testimoniales que demuestran que la matanza de Acteal –igual que la de Aguas Blancas y El Charco, en Guerrero– fue una acción de guerra contrainsurgente minuciosamente planeada y ejecutada, dirigida a sembrar el terror en la población y permitir un reposicionamiento del Ejército en las zonas de influencia del EZLN.

Luego de la masacre, en tres días el alto mando castrense saturó de efectivos la región y estableció “cercos de aniquilamiento” en torno de los municipios autónomos y en áreas donde inteligencia militar presumía que se encontraba el grueso de la tropa de elite de la guerrilla (La Realidad, en la selva Lacandona; la zona de las Cañadas, Ocosingo, Altamirano y Marqués de Comillas).

En rigor, la paramilitarización del conflicto –denunciada de manera temprana en 1996, cuando irrumpieron en la geografía chiapaneca una treintena de escuadrones de la muerte, entre ellos, Paz y Justicia, Máscara Roja, Los Chinchulines y MIRA– fue impulsada por el general Mario Renán Castillo, ex comandante de la séptima región militar, graduado en guerra sicológica en Fort Bragg, Estados Unidos. Apoyado por la Fuerza de Tarea Arco Iris (grupo de elite aerotransportado similar a los Boinas Verdes), Castillo ejecutó el Plan Chiapas 94 de la Secretaría de la Defensa Nacional, que recomendaba crear “grupos de autodefensa civil”, que –al igual que en Colombia y en el Perú de Alberto Fujimori– tenían como misión principal provocar el desplazamiento forzoso de población mediante el terror. Inscrita en una lógica terrorista de Estado, la estrategia de utilizar fuerzas paramilitares para limpiar el territorio de la influencia zapatista –conocida como el ABC de la contrainsurgencia: sacarle el agua a la pecera o aislar al EZLN de sus bases de apoyo civiles–, se proponía “equilibrar” las fuerzas en contienda y convertir un fenómeno revolucionario con profundas raíces sociales, en una guerra civil limitada al espacio chiapaneco.

Con una ventaja adicional: la creación clandestina de una contra mexicana para hacerla pelear con el EZLN, servía de coartada ideal al Ejército, que de esa forma no tenía que pagar los costos políticos de encabezar directamente una guerra sucia contra los alzados. La propaganda haría el resto: el Ejército, que hasta la matanza de Acteal y como parte del conflicto aparecía como una fuerza de contención y represión, se transformaba en una instancia “neutral” e incluso “arbitral” y “reconciliadora”. En el escenario de un enfrentamiento entre “dos bandos”, el gobierno y el Ejército dejaban de ser, presuntamente, parte del conflicto, y se transformaban en la “solución” de una guerra que se daba entre grupos irregulares armados de signo opuesto. “El EZLN es el mayor grupo paramilitar de Chiapas”, dijo entonces Zedillo en Venezuela, olvidándose de la ley que había palomeado en 1995, donde reconocía a los zapatistas como “un grupo mayoritariamente indígena que se inconformó”.

A 10 años de distancia, existen en Chiapas movimientos inusuales del Ejército y signos de una reactivación paramilitar. “Quienes hemos hecho la guerra sabemos reconocer los caminos por los que se prepara y acerca. Las señales de guerra en el horizonte son claras. La guerra, como el miedo, también tiene olor”, dijo hace pocos días el subcomandante Marcos en San Cristóbal de las Casas. Es en ese escenario posible que hay que inscribir las versiones revisionistas de un grupo de intelectuales orgánicos del régimen calderonista. Con su “Regreso a Acteal”, Aguilar Camín podría estar preparando el camino, desde el campo de la propaganda oficial encubierta, para la reaparición de grupos de “autodefensa” antizapatistas y una nueva escalada represiva gubernamental contra la insurgencia en Chiapas.

Astillero

Julio Hernández López
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx
Una mirada al mundo

La derecha a la calle: de Madrid al Zócalo

Benazir Bhutto: alianzas y herencias

Kenia, otro caso de (casi) 0.56%

El proyecto de neofranquismo mexicano, encabezado por la dupla binacional del michoacano Calderón y el madrileño Mouriño, tendrá el año en puerta el reto de movilizar callejeramente a las huestes derechistas nacionales como en la matriz ideológica ha sucedido varias veces en años recientes y en especial ayer, cuando, a convocatoria del arzobispado de Madrid, se realizó una gran concentración “por la familia cristiana” que terminó en críticas al gobierno español por políticas que permiten el matrimonio entre homosexuales y divorcios exprés, entre otros “pecados” civiles. La movilización derechista (2 millones de personas, según los organizadores; 160 mil, según cálculos del diario El País a partir de la cuadriculación de la Plaza Colón) contó con una televisada alocución especial, en español, de Benedicto 16. Entre los organizadores destacaron el grupo Comunión y Liberación, los Legionarios de Cristo y el movimiento apostólico Camino Neocatecumenal, dirigido por Kiko Argüello. La demostración pública de fuerza de un clero dispuesto a pelear abiertamente con el gobierno “socialista” fue considerada como “el mitin de cierre de la precampaña electoral del Partido Popular” por el candidato de Izquierda Unida a presidir España, Gaspar Llamazares, quien aseguró que “a través de los sectores más conservadores de la Iglesia católica” se han realizado estas movilizaciones “contra los acuerdos, las leyes y la soberanía de nuestro parlamento, atacando los acuerdos democráticos adoptados”. En enero de 2009, a unos meses de las elecciones federales intermedias mexicanas, el papa Benedicto 16 estará en el Distrito Federal para inaugurar el sexto Encuentro Mundial de las Familias. De aquí a entonces, la derecha calderónica podrá intentar la movilización pública de sus huestes y la conversión explícita de actos religiosos en instrumentos de presión política. De las campanas de Catedral a las concentraciones placeras.

El asesinato de Benazir Buhtto deja a Estados Unidos sin la única carta a la que la Casa Blanca y el Pentágono apostaban en busca de equilibrar el autoritarismo desgastado de Pervez Musharraf, sin dejar de contar con éste como “aliado” en la llamada guerra contra el terrorismo. Quienes manejan a George W. Bush deben hilvanar con rapidez alguna alternativa que probablemente significará cambios globales en su política de “alianzas”, entre ellas la referida a México y en especial la llamada Iniciativa Mérida, que ahora estará más lejos de su aprobación en el Congreso, pues recursos y atención serán puestos en la crisis desatada en Rawalpindi. El episodio paquistaní muestra, por otra parte (además de recordar asesinatos como el de Luis Donaldo Colosio) las consecuencias lamentables a que los movimientos sociales se encaminan cuando dependen de caudillismos y no de organización horizontal: el “heredero” partidista de la señora Bhutto es su ahora viudo, especializado largamente en cobrar comisiones por negocios al amparo del poder cuando su esposa lo ocupó. El mister ten per cent de las dos ocasiones en que Bhutto fue primera ministra se hizo designar vicepresidente del Partido Popular de Pakistán, con su hijo de 19 años como presidente que “despachará” desde la Universidad de Oxford mientras su papá trata de cobrar los réditos de la muerte de Benazir.

Felipe Calderón puede ver en Kenia los problemas que causa el ser declarado ganador de una contienda presidencial por una supuesta diferencia mínima. Mwai Kibaki, actual presidente, se dio por vuelto a elegir con 231 mil 728 votos de diferencia sobre el opositor Raila Odinga (no fue un 0.56 por ciento de distancia, pues los 244 mil que Ugalde le adjudicó a Calderón dieron el porcentaje famoso a partir de una votación de alrededor de 30 millones, mientras que en Kenia los dos competidores recibieron, en conjunto, casi 9 millones de sufragios). Los kenianos, sin embargo, no se la creyeron a su Felipe Kibaki (ni Andrés Manuel Odinga optó por un plantón en la plaza principal de Nairobi), así es que se lanzaron a las calles a protestar desbordadamente. Mwai Kalderonaki ni siquiera batalló en organizar actos de magia para tomar posesión en algún congreso militarmente tomado: una hora después de que su Ugalde local le otorgó la victoria, rindió protesta por un periodo más, ante invitados especiales como el presidente del Poder Judicial (el Mariano Azuela o Guillermo Ortiz Mayagoitia de por allá). Son tales los disturbios que el presidente de 0.56 por ciento africanizado canceló ayer las emisiones en vivo de televisión de todo el país, para que los ciudadanos no se enteren en las pantallas de lo que ellos mismos están haciendo en las calles.

El presidente derechista Álvaro Uribe está a la sombra y Hugo Chávez bajo los reflectores pues, a pesar de las maniobras y berrinches del primero, el venezolano ha podido avanzar en el proceso de liberación de rehenes que anoche continuaba en espera de materializarse en la selva colombiana. El gesto de “desagravio” de las FARC hacia Chávez –torpe y envidiosamente desplazado por Uribe de las negociaciones que éste mismo le había solicitado conducir– ha vuelto la atención mundial al caso de Colombia y sus guerrillas y presionará al débil mandatario instalado en Bogotá a abrir caminos a la liberación del resto de los secuestrados. A pesar de las campañas de descrédito desatadas en países como México contra Chávez y sus políticas, el venezolano continúa definiendo temas de la agenda internacional y mostrando eficacia política.

Y, mientras Evo Morales advierte que “empresarios” y “oligarcas” de Bolivia “están tocando las puertas de los cuarteles, buscando seguramente un golpe de Estado”, para tratar de impedir la aplicación de la nueva constitución de ese país, que favorece a los indígenas y da más facultades al Estado en beneficio de las mayorías, y en tanto continúan en Oaxaca los asesinatos con implicaciones políticas, ¡feliz año nuevo –gulp!
"Pensemos por ejemplo, que en el municipio de Juárez, que alberga a más del 40% de los pobladores de la entidad, la temperatura ha descendido hasta -23 grados centígrados y en el de Chihuahua a -15 grados. Si se exceptúan los municipios serranos donde se ubican las grandes barrancas, en todo el territorio se informa de temperaturas extremas inferiores a diez grados bajo cero, lo que significa que la casi totalidad de la población estatal es propensa a sufrir los efectos del clima frío.
El gas LP, presenta además la problemática de estar en manos privadas, que actúan como oligopolios en un terreno casi siempre copado por intereses trasnacionales y en general opuestos a los que tiene la sociedad."

Invierno en Chihuahua

30 Diciembre 2007
Actualizado: 12:01 AM hora de Cd. Juárez
Víctor Orozco

Muy pocas ocasiones la colectividad se beneficia directamente por los aportes que científicos y expertos formulan para resolver problemas concretos. En general, el proceso de mediación por el que transcurre una propuesta, un invento o un nuevo recurso tecnológico es largo y farragoso.

Y no es infrecuente que en este camino intervengan intereses privados o políticos que finalmente cancelan la nueva aplicación de manera que nunca sus beneficios llegan a los interesados. Por ello, son de celebrarse el proyecto y el conjunto de medidas que para combatir los efectos dañinos que tienen las bajas temperaturas para la salud de las personas y la economía general elaboró el ingeniero José Manuel Muñoz Villalobos, miembro del Observatorio Ciudadano de la Energía, A.C y que ha hecho suya el diputado Víctor Quintana para presentarse en el Congreso local de Chihuahua.

El autor expone el historial del clima en los municipios más fríos del estado de Chihuahua, patentizando así la necesidad que se tiene de implementar una diversidad de medidas para enfrentar la problemática que trae consigo el invierno y que castiga, obviamente a los grupos y clases de mayor vulnerabilidad por sus malas condiciones económicas. En un cuadro estadístico bastante ilustrativo ofrece datos duros sobre las temperaturas mínimas extremas que cada año se presentan en el Norte del país, particularmente en el estado de Chihuahua y que por sí solos bastan para ilustrar la situación que enfrentan cientos de miles de habitantes. Pensemos por ejemplo, que en el municipio de Juárez, que alberga a más del 40% de los pobladores de la entidad, la temperatura ha descendido hasta -23 grados centígrados y en el de Chihuahua a -15 grados. Si se exceptúan los municipios serranos donde se ubican las grandes barrancas, en todo el territorio se informa de temperaturas extremas inferiores a diez grados bajo cero, lo que significa que la casi totalidad de la población estatal es propensa a sufrir los efectos del clima frío. El estudio destaca además la drástica fluctuación de temperatura que caracteriza al invierno en estas zonas, pues se puede pasar en una sola jornada de veinte o más grados centígrados en el mediodía, hasta caídas extremas por la noche. De igual manera, el hecho de que los llamados frentes fríos se presentan en oleadas, de suerte tal que es común que una o dos semanas primaverales hacen que se olvide la estación invernal y por consiguiente se desatiendan la medidas preventivas.

Muñoz formula dos preguntas que implican los objetivos de su propuesta: ¿Qué hacer para evitar las muertes por el frío? y ¿Qué hacer para bajar los costos de la calefacción?. Y a partir de tales cuestiones, examina con rigor todas las variantes de soluciones que existen. Ofrece un análisis de las ventajas y desventajas que tienen cada una de los recursos para calentar las casas-habitación, sobre todo, que son las que concentran con mayor agudeza el problema, tanto porque es en el horario nocturno donde descienden las temperaturas como porque en fábricas o edificios de servicios diversos, existen sistemas seguros y en general altamente sofisticados —exceptuando los que mayor necesidad tienen de estas técnicas como las escuelas públicas— El documento sintetiza de esta forma el problema: “Las fuentes de energía disponibles para la calefacción, son por lo general, escasas y caras; las más usadas hasta ahora, presentan problemas de contaminación ambiental. En el pasado cercano, estos pudieron ser problemas menores, porque los energéticos eran más baratos y porque no había conciencia social ni normas para cuidar el ambiente; también sucedía que con menor densidad de población, el ambiente podía absorber la contaminación. Esta situación ya no existe; los energéticos son más caros, hay preocupación por la calidad del aire y del ambiente, en general y las grandes ciudades concentran las emisiones contaminantes, en áreas reducidas lo que impide y retrasa su dispersión y absorción por el ambiente. El gas LP, presenta además la problemática de estar en manos privadas, que actúan como oligopolios, lo que lo encarece substancialmente. Por otra parte, a pesar de que México es país petrolero, Pemex, carece de oferta de combustibles para calefacción, en especial, combustibles líquidos, que de hecho se sacaron del mercado. Las fuentes naturales o las tecnologías de bajo impacto ambiental, llevan a equipos generalmente caros. O sea, que no hay soluciones sencillas”.

En un horizonte de largo alcance, sobre la base de un conjunto de reflexiones muy bien documentadas, José Manuel Muñoz presenta una lista de medidas específicas viables cuya instrumentación debe buscarse en el corto y mediano plazo:

• Financiamiento blando, tanto de origen estatal como privado, nacional o internacional, para adquirir calefactores y equipar las habitaciones con aislamiento térmico y puertas y ventanas aislantes,
• Financiamiento de banca de desarrollo a empresas locales, para la instalación de aislamiento térmico y para la conversión de ventanas de vidrio simple a sistemas aislantes de vidrio múltiple, así como las puertas exteriores a elementos aislados,
• Financiamiento de banca de desarrollo, a productores locales, para la fabricación de los equipos calefactores adaptados, tanto a las características del clima local, como a la normatividad ambiental y a todo nivel de presupuesto,
• Apoyos del presupuesto de egresos federal para los casos más graves de ausencia de recursos económicos familiares, que podrían servir tanto para la adquisición de equipo, como de aislamiento y en emergencias, para energéticos,
• Apoyo del programa de solidaridad venezolano,
• Apoyo del gobierno federal, a través de Pemex con producción de combustibles baratos,

• Apoyo federal a través de la CFE en un programa de tarifas de invierno,
• Establecer normas de construcción locales acordes con las características climáticas del estado de Chihuahua,

• Equipamiento de los edificios públicos, principalmente escuelas, tanto con sistemas de aislamiento, como con equipos calefactores.

El Observatorio Ciudadano de la Energía, A.C, (www.energia.org.mx ) es una organización civil que agrupa a profesionales y estudiosos sobre un tema crucial para nuestro tiempo. Sus tópicos abordan aspectos técnicos, sociales, políticos u culturales bajo el común denominador de la producción y uso de energéticos. No podemos sino congratularnos que en México existan voces como éstas, calificadas e independientes, para opinar y ofrecer soluciones en un terreno casi siempre copado por intereses trasnacionales y en general opuestos a los que tiene la sociedad.
La verdadera maldad no reside en el pederasta que atormenta a menores, el funcionario que urde corruptelas o el judicial que secuestra personas en sus ratos libres. El corazón del mal consiste en creer que eso no tiene que ver con nosotros.

Arquitectura de la maldad


30 Diciembre 2007
Actualizado: 12:07 AM hora de Cd. Juárez
Jorge Zepeda Patterson

Distrito Federal— Ser una persona decente no es cosa sencilla. Hace una semana sugerí la lectura de una media docena de libros para el paréntesis navideño. Ahora sólo hablaré de un volumen aún cuando no estoy seguro de recomendar su lectura. Se trata de un libro sobre la maldad, no obstante llevar por título Las Benévolas, escrito por Jonathan Littell.

No es casual que esta novela se haya convertido en el libro del año en Europa y recibido el premio Goncourt, máximo galardón literario francés. Relata las memorias de Maximilian Aue, un funcionario de la SS a quien “le tocó” exterminar y torturar a enemigos políticos del régimen Nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Pero no se trata de una obra más sobre el Holocausto. Se trata más bien, y de allí la conmoción que este libro ha causado, de la manera en que el ser humano puede cometer las mayores atrocidades en nombre de la fe, el bien común o simplemente por la legítima necesidad de hacer su trabajo de manera correcta y eficiente.

O como el propio autor lo señala en una entrevista al diario El País: “ocurre que muchos chicos y chicas de cualquier Estado americano eligen marcharse a Irak a torturar gente. éticamente están muy confundidos, está claro. Pero se puede entender esta confusión cuando existen juristas que en ese país legitiman la tortura, ¿qué puedes esperar? Cuando se les da una formación militar con arreglo a eso, ¿qué esperas? No puedes esperar que alguien no te torture porque sea un buen tipo y se apiade, debes exigir que nadie torture a nadie, sencillamente porque existen leyes que lo prohíben y que eso se castigue”.

La verdadera maldad no se encuentra en el comportamiento de los sicópatas, sino en la aceptación activa del hombre común y corriente que se convierte en una máquina trituradora de otros hombres. Así lo explica el propio torturador: “en el programa de exterminio de los enfermos, seleccionados mediante disposiciones legales, los recibían en un edificio unas enfermeras profesionales que registraban la entrada y los desnudaban; unos médicos los examinaban y los llevaban a un cuarto cerrado; un operario abría el gas; otros, limpiaban; un policía extendía el certificado de defunción. Cuando, después de la guerra, interrogaron a esas personas, todas dijeron: ¿Culpable yo? La enfermera no mató a nadie, se limitó a desnudar y a tranquilizar a unos enfermos, gestos habituales en su profesión. El médico tampoco mató a nadie; sencillamente confirmó un diagnóstico, ateniéndose a criterios fijados por otras instancias. El peón que abre la llave del gas, esa persona que es, pues, la que se halla más próxima en el tiempo y en el espacio al asesinato, realiza una operación técnica bajo el control de sus superiores y de los médicos. ¿Quién es culpable, pues? ¿Todos o nadie? ¿Por qué iba a ser más culpable el operario encargado del gas que el operario encargado de las calderas, el jardín o los vehículos?”

Esto es válido incluso para el soldado que dispara su fusil en la sien de otro hombre. El condenado fue puesto allí por otros hombres. El que aprieta el gatillo no es más que el último eslabón de la cadena de quien se espera no se haga más preguntas. “Como la mayor parte de la gente, no pedí convertirme en asesino, Si hubiera estado en mi mano, me habría dedicado a la literatura”, concluye el oficial nazi.

Ciertamente hay sicópatas en la guerra que se solazan con la crueldad. Pero las atrocidades masivas son cometidas por hombres y mujeres que siguen haciendo en la guerra lo mismo que hacían durante los tiempos de paz: obedecer órdenes. “Los hombres corrientes que forman el Estado son el auténtico peligro. El auténtico peligro para el hombre soy yo, y sois vosotros”, dice el personaje.

él no escogió estar allí de la misma forma que la víctima tampoco lo hizo, argumenta el torturador. ¿De veras? ¿No hay elección? ¿Lo único que nos separa de convertirnos en un asesino —peor aún en un torturador— son las circunstancias? Creer eso y aceptarlo es la verdadera maldad, y esa es en el fondo, la tesis de este libro terrible y desesperanzador.

Cientos de miles de iraquíes inocentes han muerto “por culpa de nadie”. Ellos no participaron en el ataque a las torres de Nueva York y la mayoría no habían tenido alguna relación con norteamericanos como los que oprimieron el gatillo que segó sus vidas. No es “culpable” el académico neoconservador que en calidad de asesor impulsó la tesis del “castigo preventivo contra los enemigos de Norteamérica”, ni el presidente reconvertido al evangelio urgido en dar un golpe por razones de Estado, ni el general eficiente que optimiza el número de víctimas. Y desde luego tampoco es culpable el soldado que dispara a un turbante amenazador. Ni el oficial que “interroga” prisioneros, convencido de que la información que arranque salvara vidas de compatriotas. Todos “hacen” su deber. Sólo son personas cumpliendo con su trabajo, es decir, desencadenando el mal, de manera sistemática, atroz y devastadora.
Es exactamente el mismo mecanismo que permite la reproducción de la corrupción o la injusticia en México. Eso es lo que lleva a muchas personas a dormir con tranquilidad a pesar de trabajar en juzgados y prisiones de Chiapas que han condenado a chivos expiatorios por la matanza de Acteal; o lo que conduce a ministras de la Suprema Corte como Olga Sánchez Cordero a votar a favor del “gober precioso” y su procuradora, a pesar de que eso abrirá la impunidad de otros gobernadores para torturar y victimizar. La verdadera maldad no reside en el pederasta que atormenta a menores, el funcionario que urde corruptelas o el judicial que secuestra personas en sus ratos libres. El corazón del mal consiste en creer que eso no tiene que ver con nosotros, y que, cuando lo tiene, creer que el hecho de obedecer órdenes nos exime de toda responsabilidad. El verdadero mal consiste en vivir de rodillas.